El fin de semana me enfrenté a mi primer reto: Ir al cine sin comer naaaaada. A lo mejor esto les parezca fácil, por lo menos sé que sí lo es para las flaquitas, pero para mí, la rakitis con cerebro de gordita, es casi una pena de muerte, bueno exagero un poco, más bien es como estar presa con las comodidades de Paris Hilton.
Mi pareja y yo decidimos ir al cine a ver una película de acción, de esas típicas de Hollywood, lo que para las cerebro de gordita significa: comer mucho y rico para aguantar unas horas predecibles y aburridas. Fuera de dieta hubiese comprado – se me hace agua la boca- una cotufa mediana con poca sal, un perro caliente con mucha mostaza, tequeños con extra de queso y por supuesto una coca cola Light; luego hubiese pedido un vasito para llenarlo con salsa de tomate y mostaza para darle “más sabor” a los tequeños; finalmente, hubiese seleccionado cuidadosamente gusanitos, ositos, frutitas y demás gomitas para complementar mi encuentro con el séptimo arte.
¿Qué pedí? Agua mineral y dos Trident splash.
Pasé cerca del área de retiro de comida, respiré profundo sin dejarme tentar por el olor a grasita celestial y saboreé mi rendidor chicle sabor a fresa.
¿La película? Mala.
¿La caja de chicle? Deborada.
¿Mi cerebro de gordita? Aprendiendo.
Moraleja: La próxima vez llevo mi merengada de fruta con splenda encaletada.
Hasta la próxima entrega :p







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